Enrique VIII (1509-1547) es conocido en la cultura popular como «el rey de las 6 esposas», pero hizo cosas más importantes que solo casarse. Aunque para poder hacerlo se haya llevado puesto incluso hasta al mismísimo Papa.

Este rey terminó con el compromiso entre el monarca y la iglesia católica, y se estableció como el único soberano, él por sobre todo lo demás.

Los comienzos

Enrique VIII de joven
Enrique VIII de joven

Llegó al trono a los 17, aunque no se esperaba que fuera rey. Como segundo hijo del monarca su destino estaba en la iglesia, y poco le interesaban al joven Enrique la política y las guerras. Pero la historia tenía otros planes: su hermano Arturo murió y él pasó a ser rey, se casó con la que era su cuñada (Catalina de Aragón) y fueron felices para siem… por 20 años.

 

Primer matrimonio: Catalina de Aragón

Catalina de Aragón

Catalina era 5 años mayor que Enrique y para poder casarse alegaron que el matrimonio con Arturo no se había consumado, así que pasó «a manos» de Enrique sin problemas. Ella era atractiva e inteligente, y él era un rey muy apuesto, fuerte y deportivo. Tuvieron varios hijos, aunque la única que sobrevivió fue Mary. El problema con Catalina fue uno solo: no le dio un hijo varón.

En esa época había que mantener la dinastía, por lo que era sumamente necesario que el rey tuviera un hijo varón que perpetuara la estirpe. La pobre Catalina se hizo mayor y a los 40, ya sin la posibilidad de volver a ser madre y con el cuerpo desgastado por tantos abortos, pasó a segundo plano para Enrique, quien puso sus ojos en una de las damas de compañía de su esposa: Ana Bolena.

Ana se había educado en París, por lo que encantaba en la corte con su ropa francesa, su forma de bailar y su picardía. Mary, su hermana, había sido amante de Enrique, pero Ana lo rechazaba. ¿Por qué? Porque ella no iba a acceder a ir a la cama con el rey sin ser ella misma la reina. Astuta, ¿no? La verdad es que sí, porque Enrique estaba tan loco por ella que no dudó en pedirle al Papa la anulación de su matrimonio con Catalina para casarse con Ana.

Para poder divorciarse, la estrategia de Enrique fue decir que el matrimonio de Catalina con su hermano sí se había consumado, pero tuvo un problema: Catalina era firme negándolo. Además, ella tenía mucha influencia con el Papa por su familia española, así que convencer al Papa de anular su matrimonio no iba a ser tarea fácil para los secretarios de Enrique.

Así fue como su asesor, Thomas Wolsey, fracasó en su misión de conseguir la anulación y cayó en desgracia. Le quitaron todos sus palacios y títulos, y en 1529 fue arrestado en la Torre de Londres.

La corte estaba bastante confundida: Enrique cortejaba abiertamente a Ana pero seguía casado con Catalina, que aún era la reina y resistía las presiones de Enrique para que afirmara que su matrimonio con él era ilegal. Y así fue como todo venía marchando relativamente bien, hasta que empezó a marchar relativamente mal.

Segundo matrimonio: Ana Bolena

Ana Bolena
Ana Bolena

Enrique se cobró venganza y en 1531 afirmó su supremacía legal sobre la Iglesia. El rey le negó a la Iglesia el privilegio del santuario y la recaudación de impuestos sobre testamentos, su fuente principal de ganancias. Esto no cayó muy bien en la Casa de los Lores, donde los obispos tenían mucho poder y se resistían a estas medidas.

En 1532 Enrique llevó a Ana a una visita de estado a Francia, de la que ella volvió embarazada. Se casaron en enero de 1533, en privado, y su bigamia fue ignorada por su firme convicción de que el matrimonio con Catalina había sido ilegal.

En septiembre de 1933 Ana dio a luz a un bebé en Greenwich, pero ese bebé no fue un varón sino Elizabeth. Y otra vez Enrique se enojó, pues Ana también «le había fallado» al no darle su tan querido heredero. Esto fue una gran catástrofe para el rey, que se peleó con la Iglesia y el Parlamento para poder casarse con Ana y ella, al igual de Catalina, había fracasado en lo único que él quería.

A todo esto Enrique se enojó aún más por los rumores de impotencia sexual que daban vueltas en la corte y también por las malas lenguas que decían que Ana le era infiel. Así, ella perdió el encanto y Enrique posó sus ojos en una de sus damas de compañía (misma historia…), una joven de 25 años llamada Jane Seymour.

En 1534 Enrique promulgó formalmente el Acta de Supremacía, en la que el rey no reconocía a ningún superior en la Tierra, sino solo a Dios, y no estaba sujeto a las leyes de ninguna criatura terrenal. Esta legislación completó la creación de la Iglesia de Inglaterra. Además, Enrique VIII pidió que sus cortesanos se dirigieran a él como «su Majestad», imponiendo una nueva denominación real.

Luego de 8 años de «privatización monárquica» de los bienes de la Iglesia, la corona recaudó casi un millón de libras. Los monasterios habían desaparecido, las iglesias se convirtieron en centros de culto de una nueva fe, y quien tenía dinero podía comprar las tierras de la Iglesia, creando una nueva movilidad social.

Tercer matrimonio: Jane Seymour

Jane Seymour
Jane Seymour

Pero la vida privada del rey seguía complicada. Ana fue víctima de una conspiración en la que se la acusaba de infidelidad, y en mayo de 1536 fue condenada y ejecutada en la Torre de Londres. Enrique se casó con Jane Seymour y ella, por fin, le dio un heredero: Eduardo. El problema fue que no todo iba a ser felicidad para el rey, porque unas semanas después de dar a luz Jane murió. Ella fue la única reina que fue enterrada con el rey.

Para colmo de males, en ese mismo año tuvo un accidente de justa en el que sufrió una herida en el muslo que no solo le impidió realizar actividad física, sino que gradualmente derivó en una úlcera que indirectamente pudo haberlo llevado a la muerte. Esa úlcera nunca se curó del todo, y le provocaba dolores tremendos que interfirieron en sus constantes cambios de humor.

Enrique empezó a estar muy preocupado por su seguridad. Tenía cada vez más enemigos en continente y la situación adentro del país no era mucho mejor. Thomas Cromwell, su nuevo asesor, lo persuadió en 1539 para casarse con una princesa holandesa: Ana de Cleves. De esta forma haría una alianza de precaución con los Países Bajos contra Francia y Roma. Y acá la historia se vuelve un Tinder del siglo XVI: le presentan a Enrique un cuadro de Ana pintado por Hans Holbein en el que se la mostraba muy bella y glamorosa, y él le dio match.

Cuarto matrimonio: Ana de Cleves

Ana de Cleves
Ana de Cleves

El problema estuvo cuando se vieron cara a cara: Enrique lejos de ser el rey apuesto de antaño se había convertido en un hombre obeso con un carácter explosivo que, a causa de la herida incurable en su pierna sufría mucho dolor y no se ejercitaba (eso sí, nunca dejó de comer enormes cantidades de comida). Ana, por su parte, resultó ser una mujer de 34 años con la cara marcada por la viruela que hablaba sólo alemán. Imaginate que entre ellos surgió todo menos el amor.

De igual manera en enero de 1540 se casaron, pero el matrimonio no se consumó y al cabo de unos pocos meses el Parlamento anuló el enlace y Enrique nuevamente se quedó sin un aliado en continente. Al final, Ana fue de las reinas que más salió ganando: el rey le concedió un arreglo generoso por aceptar divorciarse, y a partir de entonces se refirieron a ella como la amada hermana del rey.

Quinto matrimonio: Catalina Howard

Catalina Howard
Catalina Howard

Nuevamente soltero (aunque con apuro) el rey volvió a buscar reina y por sugerencia del duque de Norfolk se casó con Catalina Howard, su sobrina de 20 años. Enrique ya tenía casi 50, estaba muy obeso y seguía con sus constantes dolores en la pierna, no era el partido más atractivo pero era el rey y billetera mata galán. Ella era joven, alegre y despreocupada, y así fue como cautivó al rey. En julio de 1540 se casaron, pero la fiesta duró poco.

Se descubrió que Catalina mantuvo un romance con uno de los cortesanos favoritos del rey, Thomas Culpeper, y eso llegó a oídos de Enrique. Él ni lerdo ni perezoso los mandó a ejecutar, y se dice que las últimas palabras de Catalina fueron: «Muero como reina, pero hubiese preferido morir como la esposa de Culpeper». Incomprobable.

El rey se quedó solo y mortificado, como un déspota paranoico y adolorido (física y espiritualmente). Lo único positivo es que en medio de todo este culebrón, Enrique logró fusionar Inglaterra con Gales, en Dublín lo reconocieron como rey así que sumamos al cóctel a Irlanda, y un temprano acuerdo matrimonial entre Eduardo (el heredero de Enrique) y Mary reina de los escoceses prometía unir a Escocia al reino, algo que finalmente no pasó. Así, por primera vez, las naciones componentes del Reino Unido adquirieron una especie de unidad, como una nación en el caso de Inglaterra y Gales, como un reino cuando sumamos a Irlanda y como un reino más grande cuando se sumara Escocia.

Sexto matrimonio: Catalina Parr

Catalina Parr
Catalina Parr

Y volviendo a la vida romántica de Enrique: se volvió a casar. Sí, el rey no aprendió nada con todos los desastres anteriores. Se casó con una viuda de 31 años llamada Catalina Parr en julio de 1543, y ella fue la primera reina es serlo de Inglaterra y de Irlanda. Como reina, Catalina fue en parte responsable de la reconciliación de Enrique con las hijas que tuvo de sus dos primeros matrimonios, quienes más adelante serían la reina María I y la reina Isabel I. También tuvo una buena relación con Eduardo, príncipe de Gales (el heredero).

Pero la salud del rey estaba cada vez peor. Catalina lo cuidó y así Enrique, con la casa en orden, pudo sentir un poco de paz después de tanto lío. En los asuntos políticos el rey se quedó sin Escocia, porque Mary rompió su compromiso con Eduardo y se casó con el heredero al trono francés (católico), algo imperdonable para el rey de Inglaterra (enemigo absoluto de Francia).

La caída del rey

Enrique VIII
Enrique VIII

Los poderes de Enrique VIII comenzaron a menguar y la muerte se iba acercando cada vez más. Con este panorama, Enrique empezó a modificar su compromiso con la Reforma y fundó un monasterio en Bisham, además de pedir misas para salvar su alma. En su último discurso en el Parlamento en 1545, Enrique no abogó por la nueva o la vieja religión, sino por una reconciliación de las dos bajo una «nacionalizada» Iglesia de Inglaterra. Pero no fue un aliado católico quien lo acompañó en su lecho de muerte, sino un protestaste (Thomas Cranmer). El rey murió el 28 de enero de 1547.

Como rey, Enrique VIII frenó los dos pilares del Estado medieval: la iglesia y los barones. Su ataque a la iglesia católica de Roma y la disolución de los monasterios cambió la cara de la nación, permitiendo la distribución de la riqueza de una forma distinta. Prefirió asesores que llegaran a él por méritos propios, en vez de pedir consejo a hombres de cuna aristocrática como era habitual hasta ese entonces. Enrique VIII hizo algo que en muchas monarquías europeas se pensaba imposible: se separó de Roma y sobrevivió. Así, este rey fue uno de los grandes revolucionarios europeos además de un fan de los matrimonios.

¿Sabes cómo se conocen a las esposas de Enrique VIII?

Divorced, beheaded, died.

Divorced, beheaded, survived.

Enrique VIII en la cultura popular

La vida de este rey ha sido fuente de inspiración para escritores y productores desde Shakespeare hasta hoy. Hay varias obras de teatro, películas, documentales y series para ver, así que acá te dejo algunas de las que yo vi:

  • Serie: The Tudors 
  • Serie: Wolf Hall 
  • Película: The other Boleyn girl (La otra Bolena o Las hermanas Bolena)
  • Obra de teatro: Henry VIII: All Is True (Enrique VIII) – escrita por William Shakespeare en colaboración con John Fletcher.
  • Musical: Six, the musical – obra inglesa donde se cuenta la vida de las 6 esposas como si cada una una estrella pop, en un concierto histórico muy divertido.
  • Documentales: hay muchos en YouTube, los más lindos (a mi gusto) están sin subtítulos en español, así que te dejo acá uno muy completo aunque un poco viejo:

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